Las crónicas de Kronenberg: capítulo 1

Actualizado: 19 mar


En el pequeño y humilde pueblo de Woodwhistle había un joven chico de ojos verdes llamado Lucas Kronenberg, hijo del detective más respetado, Robinette Kronenberg. Cuando este iba de regreso a la comisaría (lugar que consideraba su hogar) vio a su padre y al oficial Richard Foster en una mesa con fotos de uno de sus compañeros.


– ¿Qué ocurre? – este preguntó.

– Buenas joven “luky”. Súbitamente hemos notado varios desaparecidos, desde el estudiante Logan Heron hasta el viejo Joe Roberts. En total alrededor de unos 27 casos. De amable manera te pediría que te vayas para que tu padre y yo podamos ver unas cosas, si no te sería una molestia”. – le respondió Richard.


Luego de este oír las palabras del oficial, Lucas procedería a ir a un armario dentro de una oficina para dormir. Al día siguiente, apenas antes de recibir la luz del sol, sería bruscamente levantado por Foster, el cual a gritos de desesperación le dijo:


– ¡Lucas! Tu padre ha sufrido una especie de derrame cerebral. El alcalde exigió que obligatoriamente los dos mejores estudiantes de la academia retomen el caso. Te eligió a ti y a una chica llamada Shelley. Por su orden ahora toda la comisaría está bajo su control. ¡Confío en ustedes!. –


Este mensaje le dio todas las energías mañaneras. Se puso la bata favorita de su padre y cogió una glock 19 del escritorio para ir a la sala principal y recibir a su compañera. Una vez él y Foster llegaron, le abrieron la puerta a la joven.


– Hola, soy Shelley Henderson, uno de los estudiantes que el alcalde asignó para resolver estos extraños sucesos, supongo que eres Lucas, hijo del gran Kronenberg – dijo Shelley al presentarse.

– Beep, ese soy yo, un gusto saludarla –le respondió Lucas.

– Bueno, supongo que esta es la parte en la que los dejo solos en la comisaría para que resuelvan este desastre, éxito jóvenes. – añadió Richard.


Horas después de haber leído una y otra vez la poca información que tenían del caso, Shelley y Lucas sintieron un escalofrío y decidieron ir afuera para ver si ocurría algo, cosa que los asustó a ambos, a tal punto que ni un grito podían soltar. Todas las esculturas del pueblo estaban bañadas de textos en un idioma irreconocible y lo que les terminó sacando unos gritos fueron unos rugidos que tampoco supieron identificar de qué animal eran; solo pudieron deducir que se producían desde el bosque. Rápidamente, sin pensarlo, se dirigieron al bosque y mientras más se acercaban, más fuerte los rugidos sonaban. Al llegar a la cumbre, hallaron una daga apuñalada en un árbol. Lucas la recogió y le dio un collar con una brújula que colgaba de esta a Shelley, la cual apuntaba a la parte más oscura del bosque. Lucas sacó una pistola de su bolsillo y Shelley caminaba abrazada de él. Al final encontraron una cueva con la entrada forma de "M". Ellos no dudaron en entrar pese la poca luz del lugar. Un par de pasos y no tardaron en encontrar algo. Vieron a un sujeto leyendo una especie de libro en un idioma extraño o al menos eso identificaron por una antorcha que apenas dejaba ver por donde caminaban. El hombre, que estaba vestido con una túnica, se volteó y los apuntó con una aguja, a lo que Lucas respondió señalándolo con su pistola. El hombre procedió a enterrarse la aguja en el pecho cayendo inconsciente. Horas después, con ayuda del oficial Foster, lograron examinar la cueva, encontrando cosas como libros en idiomas irreconocibles, pintura y los cuerpos de los desaparecidos en estado de coma. Richard le entregó una caja a Lucas diciendo, “Shelley dijo que intentes abrirla, la caja tiene un candado que el muy dichoso ni se rompe a tiros, a ver si puedes hacer algo”. Lucas vio la caja y con la daga, sin mucho esfuerzo, cortó el candado y al abrirlo encontró un brazo de agujas. Ver aquella atrocidad era ver la personificación del dolor y sufrimiento, lo que causó que este cerrara la caja y solo pensara en que su padre y el resto de las cosas se mejoraran.


Continuará...

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