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Opinión: Hace falta repensar nuestra respuesta a la violencia de género


Escrito por Víctor Quiñones (11mo grado)


“Solo educando, adiestrando y propiciando un cambio en la mentalidad y conductas que fomentan el machismo se irán derrumbando las barreras del prejuicio y los atavismos que todavía aprisionan a nuestro pueblo en ese ciclo sin fin de violencia y muerte”- Editorial, Periódico Claridad


Fueron 72 el número de casos de violencia de género con que cerramos el 2023; según el Observatorio de Equidad de Género, 23 de estos casos se dieron entre parejas, ocho más que en el 2022. Tan sólo entre enero y febrero de este año se dieron 12 feminicidios, cuatro de ellos a manos de una pareja o expareja. Estas lóbregas cifras parecen augurar un año tempestuoso para nuestro país, destinado a convertirse en el año con más feminicidios desde que se decretó el estado de emergencia hace tres años.


Pero, al fin y al cabo ¡qué fácil es tirar números al aire! Efectivamente, a estas alturas del estado de emergencia ya se hace evidente que esta respuesta retórica y demográfica, aparenta haberse convertido en la respuesta estándar del gobierno e incluso de algunos medios de comunicación. En su pasividad parecen más interesados en relatar los detalles sangrientos de estos casos, que en avivar el debate y ofrecer soluciones concretas. El “estado de emergencia” ha fracasado y no ha conducido a nada, sino a la pasividad y a preservar del statu quo.


El pronóstico para el futuro cercano no aparenta ser muy favorable: nuestro ambiente político, más fragmentado y circense que nunca, no deja mucho espacio para el debate y la acción concreta que hace falta. La desidia de nuestro sistema judicial, cuyos errores garrafales han conducido a la muerte de más de una mujer, es un indicio de la indiferencia y la incompetencia del gobierno insular. En fin, un cambio que tanta falta hace no parece divisarse en el horizonte. Como tal, es importantísimo comprender que ya es hora de que se realicen medidas concretas y con la visión necesaria para poder combatir lo que se ha convertido en uno de los grandes males de la sociedad puertorriqueña contemporánea.


Para esto es imprescindible reconocer el gran error en que incurren muchos a la hora de enfrentar el tema de la violencia de género: la simplificación del problema. Desde los mensajes simplistas del gobernador, hasta las discusiones someras y elementales de los medios de comunicación es evidente que no existe una intención de encarar este tema con la profundidad y el análisis que amerita.


La epidemia de violencia de género NO es un fenómeno frívolo y espontáneo que alguna ola depositó en nuestras playas y que el viento se llevará cuando decida soplar. Es un malestar social muy arraigado en nuestra cultura; una cultura que parece estar empeñada en no evolucionar.


Tal vez el mejor ejemplo de esto es la aureola de controversias que rodea el tema de la educación con perspectiva de género. Esta quizás la única medida concreta en contra de la violencia de género que se ha propuesto, y los estragos que ha tenido que sufrir el proceso para la implementación…hoy todavía inconcluso, si no me equivoco.


Lo que urge nuestro país es una evolución a nivel sociocultural y esto no se logrará meramente con declaraciones de estado de emergencia, ni con “hashtags”, ni con unos cuantos artículos, con reportajes en el periódico y la televisión. Un cambio tal requiere un proceso de educación completo y bien delineado en el cual se les imparta una enseñanza cuidadosa y profunda a los ciudadanos de Isla. Educación de todos, de cualquier edad y de cualquier género, con el fin de crear una consciencia nacional sobre la violencia de género. Entiendo que este podría y debería ser el primer paso hacia la creación de un nuevo Puerto Rico: uno más sensible, respetuoso y seguro.


Por ahora, lo único que nos queda a nosotros los ignacianos es la ineludible responsabilidad de educarnos y educar. Contribuir denunciando y discutiendo el tema silenciado, por más pequeño que sea nuestro esfuerzo, es imprescindible tratar de frenar los feminicidios en nuestro Puerto Rico.

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