Orlando Portalatín

Actualizado: 19 mar


¿Por qué escogió trabajar en el Colegio?


Al ser jesuita la realidad es que no escogí venir al Colegio San Ignacio, sino que me enviaron. Llego al Colegio para comenzar mi próxima fase de formación, el magisterio. Esta fase es el primer período en el cual un jesuita en formación es llamado a vivir con otros compañeros jesuitas y a trabajar a tiempo completo en una actividad apostólica de la Compañía de Jesús. El Colegio San Ignacio, como obra apostólica de la Compañía de Jesús en Puerto Rico, es un lugar idóneo para mi formación. Luego de 31 años viviendo y trabajando fuera de Puerto Rico, tengo la dicha de regresar a mi tierra natal para colaborar en la misión educativa y evangelizadora del Colegio. Es un privilegio y motivo de gran alegría estar de vuelta en casa.


¿Qué lo motiva a ser maestro?


La motivación a ser maestro surge de mi deseo de acompañar a los adolescentes y jóvenes en su proceso de desarrollo hacia la adultez. Como jesuita, busco ayudar al joven a avanzar en su autoconocimiento, aceptación y su relación íntima con Dios.


¿Qué quiere que sus estudiantes sean capaces de hacer cuando terminen su clase?


Al terminar el curso quisiera que mis estudiantes conozcan el amor incondicional que Dios tiene por ellos. Sólo de esta manera podrán concientizarse de su compromiso como hombre al servicio de los demás. Quisiera, además, que confronten sus valores, opciones y actos ante su vocación como cristianos e ignacianos en la construcción del Reino de Dios por medio de la fe y la justicia.


¿En su opinión, qué hace a su clase importante?


Como cristianos formamos parte de la función sacerdotal, profética y real de Cristo y somos llamados a desempeñar la misión que Dios nos encomendó cumplir en el mundo. Por tanto, tenemos el compromiso de dar testimonio de vida, evangelizar, y proclamar la novedad del evangelio en nuestro entorno. La educación ignaciana propone a Jesús como modelo de vida y establece que toda formación integral debe estimular al estudiante a comprometerse personalmente con la realización del Reino de Dios por medio de la fe y la justicia. La clase es sumamente importante porque le da la oportunidad al estudiante a reconocer al ser humano como meta de la creación y focaliza al pobre y al marginado como el ejemplo de aquel que vale por lo que es y no por lo que posee.

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