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12 hombres en Pugna: justicia y duda en CSI

 

Pocas obras del repertorio teatral universal exigen tanto de sus intérpretes como 12 Angry Men, el clásico de Reginald Rose que este pasado martes cobró vida en el auditorio del Colegio San Ignacio de Loyola bajo el título 12 Hombres en Pugna. Pocas veces una comunidad escolar tiene el privilegio de ver a sus propios estudiantes llevar semejante peso dramático con la convicción y madurez que demostraron.

Dirigida por el profesor Edgardo Rodríguez, la producción reunió a estudiantes de teatro desde séptimo grado hasta cuarto año en un ejercicio que fue, al mismo tiempo, lección de actuación, ciudadanía y humanidad.



12 Hombres en Pugna es una obra despiadada en su estructura. Sin cambios de escena, sin efectos especiales, sin recursos técnicos que salven a un actor distraído: solo doce hombres en una sala deliberando si un joven acusado de asesinato merece vivir o morir. Cada silencio cuenta. Cada mirada importa. La tensión se construye palabra a palabra, y el público no tiene adónde escapar.

Precisamente por eso, lo que el profesor Rodríguez logró con este elenco resulta digno de reconocimiento. Conducir a jóvenes de distintos niveles académicos a sostener un drama tan exigente, mantener el ritmo de la obra durante toda su duración y crear una atmósfera de genuina tensión en el auditorio del colegio no es tarea menor. Es el resultado de un trabajo serio, sostenido y apasionado.

 

Cada uno de los estudiantes que integró este elenco aportó su propia voz a un colectivo que funcionó con notable cohesión. El resultado fue una presentación que, lejos de verse como un ejercicio escolar, tuvo la contundencia de un trabajo artístico completo.

 

Daniel Arroyo entregó una actuación de ritmo preciso, sabiendo exactamente cuándo hablar y, más importante aún, cuándo callar.

Sebastián Acosta sorprendió con una intensidad emocional que superó cualquier expectativa para su nivel, demostrando una madurez interpretativa fuera de lo común.

Diego Ramos aportó una energía contenida que resultó especialmente efectiva en los momentos de mayor confrontación, dosificándola con inteligencia. 

Tyler Vega demostró una presencia escénica segura, capaz de anclar las escenas más tensas con aplomo y sin perder nunca el hilo emocional del personaje.

Josué Martínez se mostró completamente presente en escena, con una escucha activa que elevó el nivel de todos los demás a su alrededor.

Isaac Quiñones construyó su rol desde adentro, con una autenticidad que se sentía genuina en cada intervención y que comunicó con naturalidad al público. 

Iroel González ofreció una interpretación matizada, con capas de significado que invitaban a prestar atención a cada gesto y cada pausa.

Justin Acosta sorprendió con una solidez técnica poco común, manejando sus momentos de mayor exposición con claridad y convicción.

Samuel Bermúdez demostró una comprensión profunda del texto, traduciendo las palabras de Rose en emoción viva y creíble durante toda la representación.

Pedro Pumarada aportó al elenco esa clase de energía silenciosa pero indispensable.

Sebastián Fournier cerró el conjunto con una actuación que combinó técnica y sensibilidad en partes iguales, dejando una impresión duradera.

 

Juntos, los doce hombres en escena no se vieron como estudiantes recitando un guion. Se vieron como actores habitando un conflicto real. 12 Hombres en Pugna no es solo teatro. Es un argumento sobre la responsabilidad moral de pensar bien antes de juzgar, sobre el coraje que requiere sostener una posición impopular cuando se cree que es justa, y sobre la dignidad humana que se pone en juego en cada decisión que tomamos sobre los demás. Que sean precisamente estudiantes jóvenes quienes transmitan ese mensaje agrega una capa de significado que ningún elenco profesional podría replicar.


El profesor Edgardo Rodríguez entregó a la comunidad del CSI algo más que una función de teatro: entregó una experiencia formativa que los actores y el público difícilmente olvidarán.

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