Conjunto de poemas de religión

En duda


Con el dulce ensueño

Me pregunto, mi bien,

Si serás tú dueño

Del sufrimiento en mi sien.


Es que no apetezco comprender

Los misterios de tu fe

Que tanta duda hacen crecer

En la razón que un día fue.


Por tanto, me pierdo sin saber

La verdadera esencia de tu ser,

Que intenta en mi convencer

La traba de en ti creer.


 

Inmarcesible


Quiero verte de nuevo sonriendo claramente,

Atentando contra mis sueños idílicamente;

Respirar tus delirios únicamente

Y acostarme en ti de forma sutil.


No quiero verte fundamentalista y violenta

Ni egocentrista y en venta;

Que destruyas el alma de la gente contenta,

Glorificando el fruto de tu viril.


Detesto cuando callas ante lo injusto de lo mundano

Y quebrantas en llanto las muertes en vano;

Cuando alteras el sentido no me sano

Y muero en las sombras del candil.


Me gusta verte sencilla y pobre,

En la meliflua valentía que la gentileza en ti obre,

Como flor inmarcesible que vive sobre

El mes de mayo y retoña en abril.


 

El corazón de T.


Un hombre viendo el suelo

Preguntó la razón

De no encontrar el tesoro

Que tanto él anheló.


En vano gritó al cielo,

Rogándole a la legión,

Que, del mundo, todo el oro

Diese por hallar lo que perdió.


Rendido de clamar al edén,

Bajó la vista y te miró.

Y con gran alegría se marchó

Pues el tesoro que buscaba, en ti lo encontró.

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