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Conoce a Jorge Donato Rivas

20 ago
4 min de lectura
Foto: Ezequiel Soto Montañez
Foto: Ezequiel Soto Montañez

Cuéntenos un poco de su vida...


Soy natural del pueblo de Yabucoa, por lo que me considero un azucarero de todo corazón. Realicé mis estudios de escuela intermedia y superior en el Colegio San Antonio Abad de Humacao. Luego, cursé mi primer año de bachillerato en el Recinto Universitario de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico. Durante mi segundo año universitario, me transferí a la Universidad Internacional de la Florida, donde culminé mi bachillerato.

Posteriormente, realicé una maestría en el Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, con especialidad en Administración Pública y concentración en Gobierno y Política Pública. Más adelante, realicé mi segunda maestría en el Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico, con especialidad en Salud Pública y concentración en Nutrición. Como se puede observar, soy fiel creyente de que cada día es una nueva oportunidad para adquirir conocimientos y continuar creciendo como ser humano

Entre mis pasatiempos se encuentra la práctica de deportes. Hace tres años comencé a participar en carreras pedestres, desde 5K hasta medios maratones, y he tenido la oportunidad de participar en eventos dentro y fuera de Puerto Rico. Actualmente, he comenzado mi transición hacia la disciplina del triatlón y, el próximo año, con el favor de Dios, estaré realizando el Ironman 70.3 de San Juan, Puerto Rico. De igual forma, en algún momento quiero cruzar la meta de un maratón completo y continuar descubriendo hasta dónde Dios y el deporte pueden llevarme.


Durante este año tuve el honor, la responsabilidad y la encomienda de ser Embajador de Kilómetros de Cambio, un movimiento social que recauda fondos para los nueve albergues que ofrecen servicios a víctimas de violencia doméstica y sus familiares en Puerto Rico. Gracias a este movimiento, pude comprender que el deporte no se trata solamente de correr, sino también de servir. Hoy continúo alzando la voz por aquellas personas que, en algún momento, fueron obligadas a guardar silencio y procurando ser siempre una voz activa ante cualquier injusticia.


¿Qué le llamó la atención de trabajar en el CSI?

Me llamó la atención trabajar en el CSI por la oportunidad de crecimiento personal y espiritual que ofrece la institución. Considero que ambos pilares deben ir de la mano para nuestro crecimiento como individuos. De igual forma, lo veo como una oportunidad para continuar desarrollando mis habilidades como profesional.


A su vez, trabajar exclusivamente con varones representa una oportunidad para contribuir a la formación de hombres de fe y de servicio para nuestra sociedad. Cada día existen más razones que evidencian la importancia de trabajar con esta población y, por ello, en lugar de ser un espectador, decidí ser protagonista y aportar activamente a su formación.


¿Qué lo motiva a ser maestro?


Primero que todo, al culminar la escuela superior, mi meta era convertirme en cardiólogo pediátrico. Sin embargo, los planes de Dios son perfectos y terminé cambiando un consultorio médico por un salón de clases. Pienso que, desde ambos espacios, uno tiene la oportunidad de servir y aportar al crecimiento de la juventud, quienes no solo son el futuro de nuestro país, sino también nuestro presente.


Por tal razón, creo fielmente en las palabras de Malala Yousafzai: “Un niño, un profesor, un libro y un lápiz pueden cambiar el mundo”. Considero que la educación es una de las herramientas fundamentales para atender muchos de los problemas que enfrentamos en la actualidad. Por ello, es imperativo construir cimientos sólidos en nuestros jóvenes y brindarles las herramientas necesarias para convertirse en agentes de cambio en nuestra sociedad.


¿Qué hace su clase diferente?


Lo que hace diferente mi clase es que siempre procuro crear un ambiente de respeto y seguridad para mis estudiantes. Intento integrar las ciencias con temas sociales que nos afectan como país, porque tengo claro que no a todos mis estudiantes les apasionarán las ciencias, pero sí aspiro a que todos se conviertan en personas de bien.

Por ello, procuro crear un ambiente en el que los estudiantes no tengan miedo de ser ellos mismos y sepan que siempre serán escuchados, respetados y valorados. Además, la oportunidad de realizar laboratorios constantemente es una de las grandes ventajas de la clase de Química y un elemento que la distingue de otros cursos, los cuales estoy seguro de que mis compañeros del CSI imparten con el mismo amor, entrega y compromiso.


¿Qué quiere que sus estudiantes sean capaces de hacer luego de su clase?


Luego de mi clase, deseo que mis estudiantes hayan adquirido el conocimiento académico requerido para su grado, pero también que hayan disfrutado del proceso de aprendizaje. Quiero que recuerden mi salón de clases como un lugar donde fueron felices, donde pudieron ser ellos mismos y donde crearon memorias que puedan llevar consigo con mucho cariño.


Deseo, además, que se lleven consigo un profundo amor hacia Dios, hacia los demás y hacia la comunidad ignaciana. Más allá de la Química, espero que adquieran herramientas que les permitan enfrentar las distintas situaciones que la vida coloque en su camino y que, aun en los momentos difíciles, recuerden siempre el lema de nuestra clase: “El sol siempre vuelve a salir”.

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